Thays Peñalver

“210 años y continuamos siendo una nación frágil, inestable y en vías del estado fracasado”, Abog. Thays Peñalver

“Hay más historias de Venezuela, la tradicional, la que damos por cierto porque nos gusta y porque está llena de héroes, y nos gusta también porque está repleta de leyendas y titanes siempre puestos a rescatar a Venezuela de las garras de los monstruos extranjeros; y también está la que ocultamos, esa historia que nos irrita porque habla de nosotros mismos, de quienes somos y por qué estamos siempre como estamos”.

Así comenzó su ponencia la abogada y profesora universitaria, Thays Peñalver en el Foro virtual organizado por La Causa R, denominado “A 210 años de independencia ¿Dónde estamos?”, a propósito de recordar los pasos que llevaron a la independencia de Venezuela.

Peñalver, también escritora, afirmó que en dichas historias, por ejemplo “la de los héroes que nos gusta, somos pioneros de la independencia gracias a Bolívar”, pero también hay otras historias sobre cómo “pacificamos gracias al héroe dictador Gómez, otro dictador apedillado Medina dicen que trajo la democracia, otro más modernizó a Venezuela, y entonces llegaron los demócratas a destruirlo todo”.

En este sentido, asegura que eran necesario nuevos héroes, nuevos titanes que rescataran a Venezuela de las garras de esos nefastos seres grises que usurparon una historia mágica llena de grandes éxitos, “pero en nuestra segunda historia, la que no nos gusta y ocultamos, es la que parte precisamente de nuestra acta de Independencia, la misma que nuestro propio himno nacional, el que habla de la pobreza en sus chozas, de señores y cadenas, donde el vil egoísmo otra vez triunfó”.

Por eso, asegura Peñalver, es que los venezolanos no hablan del contenido del acta de Independencia ni del himno nacional, ese mismo que se canta todos los días desde  niños, y se escucha cada 6 horas o cuando se está en algún sitio público; pero se habla poco de él, ni siquiera saben en realidad quien lo compuso, desconocen si era una canción de Caracas como lo expuso el presbítero Madariaga o si la música es la de una canción de cuna, e inclusive, afirma la abogada que muchos venezolanos se niegan a hablar del himno porque Juan José Landaeta fue apresado por la turbas y ejecutado no por poco por sus vecinos.

“Nos negamos a hablar de lo ocurrido tras la firma del acta de la Independencia y ocultamos que muchos de sus firmantes fueron apresados y enviados a las mazmorras españolas, y les hago esta breve reseña porque es vital para responder ¿Dónde estamos a 210 años de la firma del acta de la Independencia?”.

Es precisamente a partir de lo ocurrido con los firmantes de la firma de esa acta que, continúa Peñalver, se puede entender a la Venezuela actual, pues el presidente de la sesión en esa época murió en el exilio, el vicepresidente fue fusilado, mientras que el secretario fue enviado junto con Miranda y Roscio a las bóvedas de la Guaira.

A partir de allí, refiere, pocos de los firmantes se pasaron nuevamente al otro bando y la mayoría pasó a integrar lo que el General Urdaneta denominó “La República Errante” porque lo que quedó fue esa caminata con las esposas e hijos detrás de los hombres armados, porque habían tenido que salir de sus casas en las que luego vivían los malandros de la época que se las habían repartido.

Luego llegó al Poder el sector que pocos años atrás había sido definido como bárbaros, es decir, personas arcaicas quienes sin saber leer y escribir, y por el solo uso de las armas conquistaron el poder y pelearon en una guerra civil de baja intensidad durante años, con más de 1000 pobladas, cuartelazos y batallas para sostenerse en el poder.

“De esta manera, el primer reencuentro estadístico de la Venezuela de 1830 es verdaderamente espeluznante porque habla de un país donde no hay bibliotecas, en la capital apenas vivían 35 mil personas que fueron libres y otras 9.500 en La Guaira, es decir, la mitad de lo que debería existir pero la estadísticas industriales nos pueden dar una idea de La Guaira en esa época ya que para toda la ciudad existían 2 médicos y 1 boticario, 1 talabartero, 15 vendedores de ropa costureros, 5 toneleros para atender el puerto, 3 pintores de casas y 2 faroleros, el genocidio fue tal que apenas quedaban 70 niños en la única escuela existente” afirmó.

Destaca que si esa era la situación en la región capital, en la provincia era peor; pues en Cumaná había sólo 2 colegios con 100 alumnos en total, en Maturín solo 1 escuela con 25 alumnos, en Barcelona había una sola con 27 alumnos y en Maracaibo había 3 donde faltaba de todo; y en el resto del país, simplemente no existían escuelas.

Luego llegó el segundo genocidio documentado en la historia de Venezuela, que unos tantos celebran como otro gran acto heroico, y fue la Guerra Federal, “de donde emanan muchos de los héroes comunistas y que los mismos historiadores marxistas coinciden en que se llevó a otras 200 mil almas al grito de ¡Maten a los que sepan leer y escribir!”, añade Thays Peñalver, al tiempo que destaca que nuevamente era la exigua minoría “porque no hay nada que les guste más a los comunistas que un psicópata genocida, a tal punto de que si Pol Pot o cualquier genocida africano hubiese sido venezolano, estarían aclamándolo hoy como un héroe para enterrarlo en el Panteón Nacional”.

Más adelante, en su disertación, Peñalver afirma que la palabra que se le viene a la mente no es otra más que “barbarie”, y se pregunta ¿Cómo se pueden explicar 7 millones de venezolanos saliendo por las trochas en inmensas caravanas; ancianas y niños cruzando ríos para escapar de sus propios vecinos, 2 millones y medio de almas, ese es el número de venezolanos que escaparon a Colombia, en su mayoría caminando, 1.200.000 más lo hicieron hasta Perú, 400 mil caminaron hasta Ecuador, y casi 1 millón continuaron su camino hasta el Cono Sur, cientos de miles terminaron en Panamá, Costa Rica y México, mientras que las cifras estimadas de venezolanos que tuvieron que aprender portugués alcanza el cuarto de millón de vecinos.

Asegura que las cifras que manejan los organismos especializados de la ONU, es que después de la pandemia podrían alcanzar los 10 millones de venezolanos fuera de nuestras fronteras, cuando el ‘efecto llamada’ de los familiares que están afuera sea un hecho y los hijos se reencuentren con sus padres, se estima que 1 de cada 3 venezolanos se habría marchado de su país pero ¿Cómo estamos? se pregunta.

Además, añade que el mapa del hambre de la FAO sostiene que 10 millones de venezolanos no tienen qué comer, “no es que sean pobres, es que ni siquiera tienen como alimentarse, por lo que un tercio de la población se marchó y otro tercio está pasando hambre”.  Destaca que no hay como explicar la situación venezolana, sino con la palabra barbarie, “210 años y continuamos siendo una nación frágil, inestable y en vías del estado fracasado”.

Por eso, explica, que nunca conoció una sociedad democrática en Venezuela, desde el punto de vista de libertad y justicia “nunca vi a los políticos debatir la necesidad de modernizar y hacer oportuna la justicia sino todo lo contrario, se frotaban las manos con un código de enjuiciamiento criminal arrastrado del siglo 19 y alabado por las élites jurídicas porque es necesario decían, junto a una justicia secreta y acusatoria donde usted era el culpable hasta que sus abogados demostraran su inocencia” aseveró.

Continuó que esa situación la vivían venezolanos presos en una mazmorra, donde años de su vida eran un infierno carcelario hasta que el 23 de enero de 1998 cuando ya el régimen de libertad estaba colapsado y el chavismo había irrumpido en la vida pública.

“Vivíamos en un país donde todos acusaban a sus contrarios a mansalva en las primeras planas de los periódicos sin pruebas y sin el menor entendimiento de lo que hacían, incluso las transcripciones de las conversaciones privadas eran públicas en los medios, filtradas por los propios políticos, violando así todos los derechos y garantías existentes”.

Añade que le costó vivir en una democracia, porque parecía que nadie en Venezuela estaba interesado en aplicar alguna vez el derecho que emergió en 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “por el contrario, vi a los políticos de todo signo y color destruirse entre ellos para luego a su vez suicidarse aplaudiendo a rabiar la mutua destrucción”.

Destacó también que a los políticos y al resto de los venezolanos no les interesó la situación y fue allí en esa indiferencia colectiva, cuando comenzó a desmoronarse la democracia, “de pronto todos tenían la misma excusa de los enemigos de la República, que no merecían juicios justos y así pagó todo un pueblo que era ser criminal hasta probar que no lo era”. Recordó que nadie en Venezuela era considerado inocente en los tribunales, donde la policía se llevaba arbitrariamente a un ciudadano y de una vez era considerado culpable, mientras aparecían lapidados en la primera o en la última página de los diarios y en las tertulias familiares.

Ante este escenario, Thays Peñalver ve pertinente preguntar ¿Cuán demócratas somos en realidad? ¿Por qué para que exista una democracia plena o incluso parcial se necesitan demócratas?.

“Yo he vivido en una Venezuela escandalosamente salvaje y alejada permanentemente de lo que debe ser una democracia, por lo tanto, en el primer fundamento de la democracia plena, viví toda mi vida en un régimen de libertades, disfrutada por una parte de los venezolanos, unos estaban permanentemente metidos en la destrucción de los valores mínimos y exigían un cacique”.

Peñalver en su reflexión, dijo que el segundo fundamento de la democracia tiene que ver con la justicia, es decir, si se tienen derechos sociales y políticos también se deben tener deberes absolutos. Por lo tanto, recalca que toda sociedad tiene un alto componente de respeto a las normas y las leyes, por eso aunque el significante delincuente sea algo grave, su significado es tan sencillo que conmueve.

En consecuencia, dijo, mientras más respeto a las normas y las leyes existe, más se acerca el país a una democracia plena y a la inversa, mientras menos respeto hay, más se acerca el Estado fallido, y es aquí cuando asoma sus narices la barbarie.

“En esta segunda fundación de la democracia sufrí siempre porque era un país donde la inmensa mayoría de sus élites y la apabullante y colosal mayoría del pueblo irrespetaba desde las señales de tránsito hasta las más elementales normas de convivencia ciudadana y en consecuencia prácticamente todas las leyes” por lo que asevera la especialista en derecho parlamentario, que una democracia no puede instaurarse sin la conciencia del ‘iuris’, es decir, se trata de tener respeto mutuo y por las normas.

Recordó que en los años 70, el negocio estaba en la política y era un ascensor social. Además era una sociedad que abandonaba a sus hijos en las calles y esos niños criados en la calle se convertían en un verdadero problema que llegó a los cientos de miles; pero en contraparte, otro sector de la población de donde se suponía debían emerger las políticas públicas y lo justo, no exigía medidas de prevención sino que demandaban a sus policías que mataran a todos los que representaban un peligro “y lo hacían con una frialdad terrible bajo la consigna plomo al hampa”.

“Viví en una sociedad que pasó del irrespeto total de las normas a violar claramente los derechos humanos y convertir a las fuerzas del orden en grupos de exterminio porque sus escasas élites no exigían su respeto… el respeto a esos derechos sino que se celebraba a escondidas que aquello ocurriera y cuando llegó el turno de esa sociedad, en vez de haber patrocinado la justicia imparcial y oportuna, esa sociedad estaba patrocinando la tortura” Thays Peñalver.

Añadió que frente a la barbarie copatrocinada por el Estado, surgió la sensación de supervivencia y en vez de apelar por lo común frente a los problemas, los venezolanos se encerraron en sus casas.

“Nunca actuamos sobre lo público y a partir de lo público, sino que convertimos nuestras casas en prisiones mientras nuestros políticos seguían emergiendo gracias a colores en sus tarjetas y no a los verdaderos problemas que se tenían que debatir porque su mayoría ni siquiera sabían cuáles eran”.

Finalmente, Thays Peñalver lanzó una reflexión sobre “cómo estamos en Venezuela 200 años más tarde de la firma del Acta de la Independencia, pero la pregunta de hoy ¿Cómo estamos? Yo, para finalizar, les preguntaría ¿En realidad, quiénes somos?.

 Thays Peñalver
Abogada
Profesora universitaria
Escritora venezolana
Autora del libro “La conspiración de los 12 golpes”.
Especialista en derecho parlamentario y constitucional.

 

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