Plan de vacunación masiva

¿Cuántas vidas más deben perderse para lograr un plan de vacunación masivo en Venezuela?

Por Andrés Velásquez

En las últimas semanas la arbitrariedad con la que se ha manejado la pandemia de COVID-19 en Venezuela y sus mortales consecuencias ha encendido las alarmas de tal manera que a estas alturas nadie puede mostrarse indiferente y mucho menos hacerse los locos, frente al colapso de un país que ya no tiene nada en pie, porque el COVID-19 y la perversidad con la que este régimen ha manejado sus dolorosas consecuencias solo está dejando a su paso muerte y desolación, en una Venezuela que sin pandemia ya había sido devastado por esta dictadura feroz, pero que hoy, además, está literalmente librando una batalla de riesgo vital entre la vida y la muerte.

Y para afirmar esto no estoy basándome-por obvias razones- en las “cifras oficiales” que a diario entrega el régimen y sus voceros, solo hay que mirar a nuestro alrededor, y no hay ningún venezolano hoy que no tengamos un familiar (o varios), un amigo, un conocido, un vecino, que no esté contagiado de COVID, un fallecido, un duelo, un vía crucis para recolectar ayuda o medicamentos para intentar SALVAR LA VIDA ante un sistema de salud inexistente, un régimen que incluso persigue y estigmatiza a quien reconozca tener la enfermedad y un país que después de 22 años de dictadura chavista-madurista está en terapia intensiva.

Distintos sectores nos pronunciamos a diario públicamente por la necesidad de iniciar un urgente plan de vacunación masivo ya, de forma organizada, sin distingo, en cada rincón del país.

Hoy mientras en el resto del mundo todos los países mantienen un sostenido ritmo de vacunación, en Venezuela quienes usurpan el poder, se niegan a dejar entrar vacunas para salvar vidas del fondo global de acceso a la vacuna contra el COVID-19 (COVAX) e insisten en una narrativa perversa de apretar el control social encerrándonos (7+7, 7+14, 7+21) y decir que todo está bajo control. Es imposible creer eso: cuarentena sin vacunación no detiene la pandemia, solo intenta ocultarla bajo sus mentiras, porque hoy tener COVID en Venezuela representa más que en ningún otro país del mundo, un mayor riesgo de muerte.

La situación resulta inocultable, al punto que esta misma semana, Monseñor Mario Moronta, Arzobispo de la Arquidiócesis de San Cristóbal, en el estado Táchira, ha hecho un llamado público a todo el país por encima de ideologías y credos, a defender la vida, presionando, exigiendo el derecho a ser vacunados y plantea el reto de establecer acuerdos y encontrar los caminos necesarios para que la vacunación masiva en nuestro país sea una prioridad y una realidad urgente.

Semanas atrás, la AN legítima y el Presidente Juan Guaidó, aprobaron los recursos para el fondo de vacunas COVAX, pero el usurpador Maduro, anunció inmediatamente que no dejaría entrar la vacuna, quitándonos a los venezolanos nuestro derecho a la salud y a la vida, y por supuesto, esto no sorprendió a nadie, porque a Maduro simplemente no le importa la vida de los venezolanos.

Al mismo tiempo en la contraparte de esta tragedia, Maduro y sus cómplices nos echan en cara a diario a los venezolanos que él y los suyos se vacunaron, que él está inmunizado, jactarse de eso en un país donde los ciudadanos vemos morir a diario a nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo por coronavirus, es una conducta ruin, perversa, que deja muy clara la naturaleza del régimen, ¿quién puede ya dudar que Venezuela está secuestrada por una banda criminal que solo pretende atornillarse en el poder que usurpan a costa de la propia vida de los venezolanos?

Y no es casual que no deje entrar vacunas del programa COVAX, (que era solo un primer paso del plan de vacunación necesario para inmunizar a todo el país) es una decisión deliberada para continuar utilizando la pandemia como mecanismo de sometimiento y control que profundiza cada día más la dictadura.

Pero debemos tener claro que la vida y la libertad son derechos irrenunciables, nada ni nadie puede decidir a su antojo y conveniencia quién vive y quien muere en Venezuela, debemos defendernos de esta dictadura criminal y estamos en la obligación como dirigentes políticos y como ciudadanos todos a poner en evidencia la exigencia, necesidad vital y urgencia del pueblo venezolano de poner ya en marcha el plan de vacunación masiva.

Y en esto debemos ser muy firmes: el dinero para las vacunas está, ahora es necesario exigir que se compren todas las necesarias, se traigan al país y se implemente un plan de vacunación en cada estado, cada municipio, cada rincón de Venezuela, acercar las vacunas a todos los ciudadanos, por remota que sea su ubicación, de forma gratuita, pero además con los estándares de calidad, transporte, aplicación y rigurosidad que están siendo implementados en la mayor parte del mundo civilizado.

No podemos cruzarnos de brazos y esperar, nada podemos ni debemos esperar de este régimen, hay que solicitar ya ayuda internacional para la logística necesaria, hay que comprar más vacunas, todas las que están en el mercado, certificadas científicamente y avaladas por la Organización Mundial de la Salud, que no vengan a ensayar con nosotros vacunas no probadas ni respaldadas científicamente porque esto también clasificaría como práctica criminal. Exijamos juntos en una sola voz: ¡Vacunas para los venezolanos ya!