trabajadores

Por: Américo De Grazia.

La primera derrota política y electoral que recibió Chavez en su ejercicio del poder se la proporcionaron los trabajadores venezolanos en el 2001, estando este en la cresta de la ola en popularidad, cuando tenia el país a sus pies; fue en el proceso electoral para la elección por primera y única vez, de la máxima central sindical que se tenga registro en nuestro país, la CTV; donde Carlos Ortega le ganó al chavismo con el 64% de los votos.

El régimen nunca lo perdonó. Fueron los primeros resultados electorales desconocidos en el país, dando origen a una “central de trabajadores” oficialista, en paralelo a la legítima.

Los prolegómenos de este agravio a la libertad sindical datan del manifiesto que se pretendía leer una vez ejecutado el golpe de estado frustrado el 4 de febrero de 1992, contra Carlos Andrés Perez, ya entonces el felón tenía en su agenda golpista, anunciar la disolución de las fuerzas sindicales en Venezuela.

Una vez en el poder incluyen en la constitución la potestad del poder electoral, CNE, de “ organizar las elecciones de sindicatos, gremios profesionales y organizaciones con fines políticos”, esa arbitrariedad en un país donde el estado es el principal patrón, o sea, zamuro cuidando carne. Hipotecando constitucionalmente la libertad sindical y los convenios suscritos por la nación con la OIT y vigentes desde 1948 en adelante.

Así comenzó la desconstrucción del movimiento sindical venezolano. Con el desconocimiento de la victoria sindical de Ortega, la instrumentación del protectorado sindical oficialista, arranca un metódico plan de neocolonizacion del lenguaje con usurpación de funciones. Entran en la escena sindical el “lumpempranato” capitaneado entonces por Lina Ron, acaban con el modelo de acuerdos tripartitos entre trabajadores, estado y patrono.

Desarticulan las inspectorías del trabajo, judicializan las causas y reclamos laborales, criminalizan las protestas, las bandas criminales que operan en minas y sectores populares se auto denominan “sindicato”; con el único interés de desacreditar el adjetivo. Las “misiones” desinstitucionalizan las estructuras de servicios públicos y se convierten en aparatos operativos y subsidiarios de esos servicios con personal “bonificado”, ya no asalariado; empoderados con el título de “patriotas”, mientras los empleados y obreros institucionales eran “apatridas”, burócratas y corruptos.

Las misiones cumplieron el propósito de desvalorizar el trabajo. El lumpempranato comenzó hacer “control social” en fábricas, instituciones y barrios. En eso no escatimaron esfuerzos, incluyendo el sicariato. Mutaron las asovecinos en consejos comunales y los círculos bolivarianos en colectivos, en UBCH, unidades de batalla chavistas y un complejo entramado de crimen con lenguaje militaroide e izquierdizante.

En este largo vía crucis de dos décadas de tiranía hemos perdido la libertad sindical y el fuero, la representatividad laboral, las contrataciones colectivas, los beneficios sociales, las prestaciones sociales; desapareció el sueldo y salario como fuente de porvenir de los trabajadores. Involucionando al punto de tabola rasa, descaracterizando a los trabajadores, abriendo de tal manera la brecha entre ricos y pobre, que hizo del discurso de la odiosidad de clase una narrativa inexistente; toda vez que se impusieron las castas y retrocedimos en términos históricos, no menos de 100 años.

Hoy ningún trabajador vive de su salario; el ahorro no es una alternativa, ser propietario de acciones en su propia empresa como ocurrió en Sidor o la Cantv es una quimera; garantizar su vejez es un sueño infantil en una nación donde el porvenir es visto con ojos de desplazados, migrantes de sueños y aspiraciones de exilio.

Las dos últimas estafas ensayadas por el chavezmadurismo contra los trabajadores venezolanos son el “blindar” las prestaciones sociales con “lingoticos” de oro, que el sabrá proteger en buen resguardo en las bóvedas del BCV o si prefieren, ante la amenaza imperialista, podemos darle esa tarea a Putin en Rusia.

Y la otra maniobra del régimen es la “página de la patria”, una versión presentista de la “lista Tascon”, suerte de condenados al “Auschwitz laboral”, tropicalizado y virtual; compuesta por aquellos trabajadores que pasan a “bonificados de la patria”, perdiendo sus prestaciones sociales y despejándoles el camino a los nuevos emprendedores boliburgueses que serán propietarios de las empresas o servicios, bajo la égida de la ley saqueo, que ellos insisten en llamar “antibloqueo”, en su narrativa polpotiana; donde Chavez fue el origen y la causa, y Maduro la consecuencia.

Ya es hora de sobreponernos a la unidad anoréxica y asumir el rol que nos corresponde. Sin fuerza social conducida por los trabajadores no es posible la caída del régimen y, de ocurrir un hecho sobrevenido, ningún ensayo de gobernanza post chavista, será sostenible sin un músculo social como plataforma democrática. Las políticas macroeconómicas no son suficientes para la sostenibilidad del porvenir en libertad y democracia.

Esa es una conclusión sobre el regreso peronista en Argentina, de Evo en Bolivia, de Ortega en Nicaragua y próximamente de Lula en Brasil y Correa en Ecuador. Soy optimista, sin los trabajadores no hay paraíso.

Artículo escrito por Américo De Grazia para Punto De Corte.

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